¿Y ahora qué?
Oh, Villarán, qué mal que te has quedado. Ahora tú, perro del hortelano, que no robas ni dejas robar, estarás en el sillón de la comuna metropolitana mientras ordenas la ciudad. No, qué horror. Ahora las cutras tendrán que ser vetadas a mordiscos villaranescos, sin mafias que hagan de la suya, ni "empresaurios" que jueguen contra el bien de sus trabajadores y del bien común.
Mal, mal, qué mal, por Dios. Ahora Lourdes me dijo que no me iré (?). Hasta la loooooooser me hace bullying. Hasta el cieno. NO, POR DIOS, NOOOOOOOOOOOO...
Mariátegui Blues (funeral para un Aldo).
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El síndrome Aldo Mariátegui es digno para los anales de los medios de comunicación, ya sea para evaluarlos como el caso más patético de interferencia en elecciones políticas, o como la lección número uno: más mierda tiras, más hedionda queda tu mano.
El problema con Mariátegui nieto no es que tome partido por lo que cree -si ese fuera el problema, estaríamos en dictadura, democradura o dictablanda-, sino porque sus justificaciones -qué o cómo, allí va el detalle- acerca de sus opiniones son sinceramente pobres. No convencen a menos que seas un ideologizado. Bien, todos tenemos una ideología, pero nos movemos por espectros y matices, de acuerdo a lo que nos dicta la experiencia vivida o leída, que nosotros asumimos como verdad o cómo funciona el mundo.
Es un fan antes que un periodista, alguien que oculta parte de la verdad porque le es incómoda y contradictoria. Alguien sin balance. Bien, muy pocos medios de comunicación lo son al cien por ciento. La República lanzó débiles ataques a la alcaldesa en comparación con toda la maquinaria desplegada para su férrea defensa. El Comercio jugó a doble cachete, sin definir posiciones hasta último tiempo. Los miembros de Epensa -Correo, Ojo et al.- licuaron a Villarán.
El problema con casi todos esos medios fue el poco análisis a lo que Villarán había (no) hecho durante su tiempo en el sillón municipal. O para ser específico: Más se desvivieron por mostrar algo hiperreal, una condición casi natural de un medio informativo. O es bella, o es fea. O es Dios, o es Diablo. Destacaron lo más llamativo para levantarla o cargársela sí o sí. Ponderar o buscar una imagen completa parecía una ilusión.
¿Es entonces Mariátegui nieto el caso más notorio? ¿Un traidor a la falsa petulancia de los medios de ser equilibrados en sus opiniones e informaciones? ¿Alguien que no teme creer en los -verbigracia- Pitufos incluso si jamás los haya visto? ¿Alguien que tiene la fachada de usar más el hígado y los intestinos antes de hablar?
En "Filipinas es mi jardín", novela de no-ficción acerca de los últimos días de la dictadura filipina de Ferdinand Marcos, Manuel Leguineche cuenta que uno de los periodistas comprados por la dictadura balbuceaba frente a la televisión los resultados electores. Se dio el lujo de señalar que "Aquí debía haber un error" cuando su candidato perdió frente a Corazón Aquino. Mariátegui, por fortuna, no usó su lengua para tal perrada.
Pero, qué va. Si usó su mirada...

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