miércoles, 13 de marzo de 2013

Semana Final: Miércoles


Composición: Jair Emeterio.
¿No les pillas?  De izquierda a derecha:
Recabarren (chileno), Mariátegui (peruano) y Allende (de Chile, nacida en Perú).


ADICTO. No más queda decir de mí y el Age of Empire III. O quizá pudo serlo hasta que probé unos trucos que afectaron mi ánimo. Esa vía de golpes de tecla mató el gusto por el juego. Que, hasta antes de llegar ese saber de Prometeo, me divertía en demasía. Jugarlo me ha despejado ciertas dudas y me ha quitado una pizca de humanidad... o inocencia.

El asunto es simple: Desarróllate con madera, alimentos y dinero. Tienes animales, bayas, árboles que talar y canteras. Puedes criar animales por si depredaste a ultranza lo que había en tierra. Puedes construir todo lo que necesita una civilización "moderna" -desde el nuevo mundo hasta el preludio de la revolución industrial, si no juegas en historia-. Pero no puedes plantar árboles, ni regar las margaritas. Y cuando juegas con la máquina, lo más probable es que quiera exterminarte.

Y si yo me decía: ¿Por qué atacarnos? Es materia de necesidad de supervivencia. Bien, hemos renunciado a la libertad de darnos a mamporrazos con el vecino para quedarnos con su casa -bueno, casi todos-, pero no nos duele -o a pocos les incomoda- matar animales para beneficio nuestro. Es común el fenómeno de entropía o desgaste de un sistema que necesita actuar para adaptarse a las necesidades. 

Cuando jugué con Daniel, dijo que estaba aburriéndose porque no disparaba. Que sólo estaba recolectando frutas y desarrollando su armada mientras yo elegía al filósofo y al presidente como dirigente para mi colonia. Mercados, un ayuntamiento, campos verdes, y entonces los cañones resonaron hasta que avasalló todo lo que había construido.

¿Por qué no dejar las armas? Me pregunté alguna vez yo. Es materia de desconfianza: Si no confías en que fulano, el violento, te deje en paz, estarás a la expectativa que tarde o temprano remueva tus huesos. Idear un mundo feliz es mi mayor utopía. Es cuestión de crianza y evolución: desatarnos de los episodios más virulentos de la historia geopolítica. Pero es cuestión harto complicada.

Para verlo en realista, usaré dos colores: el rojo para escribir lo que mi cólera -lo rencoroso- dice, y en azul lo que -la razón, mis deseos- mi cerebro revela.

"Es simple, si no invadimos Chile hasta llegar hasta la punta de América, no podemos confiar en que alguna vez sus militares inciten al ataque. Qué cuentos chinos les habrán contado a ellos de que Perú o Bolivia pensaron en destruirlos antes de. Claro está que se unieron con Argentina para destruir la Confederación Perú-Boliviana, cosa alentada por los peruanos traidores que no querían mezclarse con los bolivianos ya que era "demasiado indio". Soberana estupidez. Y si piensan que al atacarnos sin que les dijésemos o hiciéremos algo no les respondiésemos, están equivocados. En one LAN sería fumadero mientras Cencosud sería terreno baldío."

"Es que simplemente no entiendo cómo pueden pensar ciertas personas en que la guerra es la única solución. Si bien es cierto que sus militares tienen la educación de Pinochet, creo que tenemos mucho más que ganar ambos países en la paz que en la guerra. No sé cómo Chile se ha dado el lujo de armarse -bien, entiendo que es para protegerse en caso de un hipotético ataque, pero una escalada armada no ayuda, y menos al dinero que podrían invertir en desarrollar su país-. Es más, la idea de juntar ambas naciones, tener una sola moneda, y un solo ejército con la misma cantidad de miembros, podría ser más útil para ambas naciones. Desterrar los prejuicios -que ya van desde siglos- en ambos bandos para entrelazarnos es de lo más conveniente para ambos. Es más, sale barato unirnos entre países."

En Age of Empire III, el match termina cuando tú o tu equipo aplasta a tus oponentes. La vida real no es un juego -aunque ese juego sea una emulación de los actos más brutos y animales del ser humano-, y es más fácil que sigamos progresando: educación y confianza. Si educas, superamos las rencillas del pasado, si confías -desde ambos lados- será cosa de seguir hablando como debe ser, en el lado más hermoso de la persona: "si es que acaso estás triste, no demores en decirme que necesitas un abrazo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario