CUANDO los medios informativos resaltaron los "vicios" de las elecciones presidenciales en Venezuela, la idea -no dicha, pero sí anhelada- era intervenir presionando al entonces candidato Maduro para que deje paso a Capriles porque -como ellos no podían verlo de otra manera- no era posible que él ganara, de acuerdo a esa lógica.
Más allá de la lid electoral, cabe preguntarse qué hacer cuando situaciones sociales internas comienzan a ser "exportables" hacia otras naciones. El fenómeno del sicariato, la violencia de "maras" y demás han golpeado casi toda la región de Centroamérica, parte de Sudamérica, con la posibilidad de infectarse hacia otras partes del sur.
Lo lógico sería que los países afectados tomasen medidas entre ellos para evitar estos actos criminales "de exportación".
Pero también -más allá de los problemas "glocales"- se encuentran fenómenos como la guerra interna. ¿Intervenir o no? En un post anterior, mencioné que la solución siempre la tendrán los afectados, puesto que la (i)legitimidad de un gobernante repercute en que la población quiera mantenerle o no. Si grupos opositores quieren hacerlo, no se les puede achacar el mote de minoría como justificación para avalarles o no.
¿Por qué?
Una minoría puede ser, en su uso, un grupo de gente que quiere velar por intereses propios o generales. Eso no dice mucho. Podrían ser minoría una ONG que defiende la naturaleza, podrían ser oligarcas, podrían ser derechistas, podrían ser izquierdistas. Por las causas más egoístas, o por las que beneficien a los demás.
Oposición puede ser mayoría, y sin embargo tener un poder menor ante la Realidad. Oposición puede ser un grupo demócrata frente a una dictadura, o un grupo anquilosado en lo peor ante una mayoría que abraza la democracia.
Eso dice que cada caso hay que estudiarlo.
Siendo así ¿Cómo entender cada caso particular? Por historia, tenemos justificaciones de intervenciones en otros países para rendir honor a la vida, a la libertad, y a otros que realmente podrían no haberlo sido. La mejor manera de intervenir en un país que se desangra es simplemente refugiarlos. Los países hacen mucho dejando "pelado" a un territorio sin mucha gente porque la buena se fue, la mala se ha atornillado, y los que no han podido y son buenos no saben cómo salir.
Esa es la prueba más dura que revela un gobierno desnaturalizado: Que ni sus propios compatriotas quieran mantenerse pese a lo peor.
¿Un gobierno, por más hipócrita y misántropo que sea, podría resistirlo? No. Sería la nación a quien no gobernar, a menos que sean entre ellos. Un palacio para cien pulgas.
Claro que los países vecinos sufrirían problemas de sobrepoblación durante sus primeros momentos. Diferencias históricas, étnicas o lingüísticas rozarían estas relaciones. Los sistemas sanitarios colapsarían, y si el espacio geográfico es reducido, lo siguiente será llevarlos por otras regiones más lejanas.
¿Eso es más barato que gastar armas en grupos guerrilleros, o en "meter" napalm? Ni idea. Pero es más humano.
Para quienes crean que Venezuela -que es el caso más notorio- necesita ayuda ¿No es más fácil darle cobijo a quienes "no puedan vivir su libertad" hasta que "colapse el tirano"? Sí, pero es más efectista -creo yo, por desgracia- decir que es hora de bajarse al dictador.
Leyendo a otros comentaristas, pareciera que defender o atacar a ciertos regímenes te hace de tal o cual manera. Aclaremos. Las cosas que han sucedido en distintos gobiernos tienen que ser respondidos por sus gobiernos a sus pobladores. Que a los norteamericanos les guste el juego de la libertad, aunque no todos protesten por Manning -el supuesto delator en el caso Wikileaks, que lleva mil días sin inicio de un juicio-, dice mucho de ellos. No sé a dónde se habrán ido los que patalearon por Viet Nam.
Que los ecuatorianos le perdonen las bravuconadas verbales de Correa a los medios de comunicación, sin que ellos consideren atentado contra la libertad de expresión, esa matería es asunto de ellos. Y no es porque, como se volvió de súbito en el 36 en Alemania, todos se fueron contra las víctimas para ser parte de una enloquecida oclocracia.
Aquí, no obstante, hay un punto de quiebre en cuanto a lo dicho por mí anteriormente. Las sociedades pueden estar enfermas. Y no hay manera de curarlas si es que no se dan cuenta de ello y actúan en consecuencia. Evidentemente que una sociedad con personas que comprenden el valor de lo cívico -por poner un ejemplo- responderán de manera más humanitaria frente a quienes no. Respetarán las instituciones más que quienes no sean cívicos.
Esa es una diferencia que sí puedo admitir, en cuanto a que las sociedades son mejores que otras. Puede ser una sociedad rural, una tecnológica, una muy sobria, o de lujos, pero el civismo es cimento para cualquier arquitectura.
Y una sociedad que realmente dice defender valores como la paz, la democracia, más que decirlo, lo hace. Más que pronunciarse, construye.
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